De pequeña solía pensar que ser niño era mejor que ser niña. Siempre pedía ser "el hermano mayor que se llama David" cuando jugábamos a Mamás y Papás. Odiaba el rosa, me negaba a llevar falda y no salía de casa sin recogerme el pelo en una coleta. Mi padre solía decirme que estaba más guapa cuando enseñaba las orejas. Odiaba que me dijera eso. En parte porque lo repetía mucho, pero también porque no tenía (y sigo sin tener) las orejas agujereadas y estaba harta de que me preguntaran porqué no llevaba pendientes. Las coletas me las hacía mi madre. También era ella la que me peinaba y secaba el pelo. Mientras lo hacía yo siempre cerraba los ojos muy fuerte y me los tapaba con las manos. Me gustaba imaginar que iba viajando por el espacio y que el ruido del secador lo hacía mi nave espacial. Cuando estaba empezando a hablar, llamaba "Popops" a las zapatillas de ir por casa y así se quedó hasta mis diez años o más. Tenía un hamster que se llamaba Kiwi que mordía los cables de la tele cuando lo soltábamos por casa. Estaba prohibido beber Coca-Cola si no era una ocasión especial. Por las mañanas, si me despertaba antes de que mi madre saliera de la ducha, me iba a su cama y me volvía a dormir oyendo el sonido del agua que venía del lavabo. Lo que más me gustaba hacer con mi padre era mirar cómo se arreglaba cuando salía a cenar con sus amigos. Miraba cómo se afeitaba, opinaba sobre cómo le quedaba la camisa y me encantaba oler todas sus colonias y escoger una (aunque siempre acababa usando otra y me enfadaba). Cuando estaba aburrida dibujaba mapas del tesoro de mi propia casa pero no tenía gracia buscar un tesoro que ya sabías dónde estaba porque lo habías escondido tú. Tenía una amiga invisible a la que no hacía mucho caso. Iba cambiando de nombre pero al final acabó llamándose Estefanía (creo). Odiaba no poder cantar las canciones de pelis Disney con mis amigos porque ellos se sabían las canciones en castellano y yo en mi casa las veía en inglés. Me mordía las uñas y mi madre me regañaba. Me compró varios pintauñas con mal sabor pero a mí llegó a gustarme ese toque amargo. Le pedía siempre a mi padre que me cantara "Mediterraneo", de Serrat, una y otra vez. Nunca le corté el pelo a una Barbie porque no quería que quedara fea, pero les mordía los pies y luego no les entraban los zapatos por lo deformes que quedaban. A veces me gustaba jugar a escribir informes secretos que solo entendía yo. Añadía palabras inventadas que sonaran técnicas y copiaba lo que ponía en los botones que no sabía para qué servían de la cadena de música del comedor. Una vez arranqué sin querer una pieza que estaba pegada a la tele y para disimular la metí en la rendija del vídeo. Años más tarde se estropeó por eso. Idolatraba a cualquier hombre de mi familia y para mí no podía haber nada mejor que tener barba, fumar y beber cerveza. Gané un par de concursos de dibujo y me gustaba ir de artista. De hecho, a los cuatro años "ligaba" con un chico haciéndole los dibujos libres de clase. Llegué a casarme con ese niño en un parque, con un par de cajas de cartón que formaban nuestra nueva casa y una amiga nuestra de la misma edad como cura. Me costó meses que me compraran un patinete. Cuando por fin tuve uno, me tocó otro en un sorteo. Recuerdo pocas cosas más. Iba a decir que una vez me meé en el Dia pero no hace falta...
... oh, mierda.