lunes, 5 de noviembre de 2012

Sueños

Quiero vivir en una casita de dos pisos, modesta pero acogedora. Quiero un jardín  lleno de flores, aunque a mí se me dé fatal mantenerlas vivas. Quiero que sean preciosas y de colores vivos y que huelan bien y agacharme a mirarlas de cerca y quererlas, aunque no sepa ni sus nombres. Quiero tender la ropa en mi jardín y que se seque en seguida gracias al sol caliente de verano. Quiero pasar mucho calor y ponerme morena en una tumbona rota. Quiero, cuando llegue el invierno, ir a buscar leña para encender la chimenea y sentarme en un sillón a mirar el fuego o a leer un libro de los gordos. Quiero un perro grande a los pies de la cama mientras dormimos. Quiero ver las estrellas cuando anochezca y cenar bajo ellas. Quiero volver a mi ciudad de vez en cuando a visitar a la família y los viejos amigos y decir que la echo de menos pero que no creo que vuelva a vivir en ella jamás. Quiero decorar la casa en fiestas. Quiero muchas visitas improvisadas y ofrecer cafés o cervezas a cualquiera que venga. Quiero salir a pasear los domingos y a comprar con carrito entre semana. Quiero correr para mantenerme en forma. Quiero sexo seguido y en toda la casa. Quiero todo. Y lo quiero contigo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Poem.

"Your penis is kinda nice. Too bad you're attached to it." - Edie.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El cielo, el infierno y lo que hay por medio.

No soy creyente. No creo que haya un dios (así, sin mayúscula, en sentido genérico) cuidándonos desde arriba. No me trago que dependiendo de cómo viva mi vida me vaya a tener que acostumbrar a una eternidad de latigazos entre llamas; así cómo tampoco me convence la idea de que siendo "buena" esa supuesta deidad vaya a abrirme unas puertas enormes rodeadas de nubes y me vaya a recibir con los brazos abiertos al grito de "¡Qué bueno que viniste!"*
Aún así, reconozco que la idea del cielo y el infierno es bastante buena. Quiero decir, tiene sentido. Cuando lo piensas detenidamente entrar en el cielo es algo que vamos haciendo intermitentemente en nuestro día a día. No en el sentido bíblico, claro, pero cada uno tenemos nuestro propio modo de entrar en un cielo VIP, dónde el único con derecho a ser considerado "important" somos nosotros mismos. Me explico: 
Seguro que alguna vez os habéis sentido eufóricos, llenos de alegría, con ganas de saltar y, quizás, salir volando. Vale, sí, suena cursi, pero no lo sé describir mejor. Hay momentos en que sientes que estás por encima del mundo. Sientes que flotas. Que todo lo que te rodea, aunque puedas tocarlo con sólo alargar la mano, está bien lejos de ti. Y lógicamente a cada uno nos hacen sentir así cosas diferentes. 
Un orgasmo que te hace chillar, pisar el acelerador un poco más de la cuenta, una calada profunda pero sin llegar a toser, el último sorbo del cuarto gintonic de la noche, un aprobado inesperado, el mejor de los besos que puedas ofrecer, un gol de tu equipo o, yo qué sé, unas botas preciosas a mitad de precio. Lo que tengo claro es que para mí entrar en el cielo es siempre algo senzillo, barato y rápido. El aquí y ahora, la improvisación, el no-pensar. Encontrar la llave del paraíso es tan fácil como apoyarme en tu hombro y dormirme sin tener sueño. Es tan económico como sentarme a tu lado en un parque a las tantas de la noche. Es tan inmediato como darte un beso inesperado y sentir, aun con los ojos cerrados, cómo se te escapa una sonrisa. 
Lo malo (por no decir "la gran putada") es que igual de fácil es bajar de golpe a este nuestro planeta. Poco hace falta para hacer explotar la burbuja y estar andando con los pies en el suelo otra vez. A veces, incluso, bajamos a tanta velocidad que nos pasamos de largo nuestra parada y nos hundimos más de la cuenta. Y de allí sí que cuesta salir. Normal, nos es difícil volver a subir con tanto peso encima. Y allí estamos, en nuestro particular infierno, a gastos pagados. Atrapados, sintiéndonos apartados del mundo en el que solíamos vivir. Es que con las prisas se nos ha perdido media vida en la mudanza. En sí es como estar en el cielo pero echando de menos lo que tenemos encima de nuestras cabezas. En sí es como estar en el cielo pero recibiendo los pisotones de los que andan por encima. En sí es como estar en el cielo... sólo que no se parece en nada. 
¿La moraleja? Aprende a apreciar lo que tienes antes de perderlo, supongo. Yo solo escribo esto para pediros que me traigáis una escalera. Aquí estaré esperando. 



*Perdonadme el chiste futbolero/futbolístico/futbolense.